Adolescentes, ¿preguntas o interrogas?

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Estás en un callejón sin salida: Quieres saberlo todo y la respuesta se limita a un lacónico nobien o ¡qué pesada!. Tu adolescente es de libro y… Tú también. Dice el experto José Antonio Marina que es normal, pero también nos da la clave para comunicarte por fin.

6 SITUACIONES CLÁSICAS PARA COMUNICARTE CON TUS HIJOS

1. No preguntes tanto y cuenta más. Conversar no es interrogar.

María no logra que su hija hile tres palabras seguidas. No cuenta nada. Cansada y decidida se dice: ¡hoy lo consigo!

Obsesionarte con la idea de que hay que hablar con un adolescente te llevará al fracaso. Le harás la primera pregunta: ¿Qué tal en clase? Respuesta: “Bien”. Fin de la conversación. ¿Te han puesto muchos deberes? Respuesta: “Algunos”. Fin de la conversación. Vas a por la tercera… ¡Déjalo! Ellos odian las conversaciones interrogatorio. Apunta el consejo de Marina: “Primero, relájate, no visualices ese momento como un deber o lo convertirás en un proceso coactivo. Segundo, no empieces con una pregunta y, menos, cerrada. Tercero, ¿quieres conversar? habla tú. De ti, de tu trabajo, de lo que has leído… Te sorprenderás.

2. Sé flexible y, lo que no se negocia, díselo por WhatsApp.

Raúl quiere ir a esquiar con unos amigos. La respuesta es no. Como queda una semana, forcejeo y bronca diaria asegurados.

Los chicos y chicas de 13 a 16 años son muy discutidores y saben sacarnos de quicio. La clave está en dejar claro lo negociable de lo que no lo es. Sin olvidar que en la adolescencia las normas deben cambiar rápidamente y revisarse todos los años. Si piden llegar más tarde a casa, proponle probar, sin parapetarte en el no. Pero, si la respuesta es “no” y dice que todos sus amigos lo hacen, deja caer: “¡Ah! Pues voy a llamar al padre de Borja para comentarlo”. Pasemos de la lógica del castigo -que no funciona- a la lógica de las consecuencias -son responsables de sus actos-. Es útil establecer contratos: si yo hago, tú haces… “Y, para lo innegociable, mi consejo es dejar clara la norma con un mensaje de WhatsApp. Si no, el forcejeo sería interminable”, explica Marina.

3. Pídele opinión sobre los problemas de la familia.

El padre de Diana lleva un año en paro. La chica lo nota diferente. Cuando intenta comentarlo con su madre, ella no le da importancia y cambia de tema.

Las situaciones de enfermedad, injusticia o dolor de la familia hay que hablarlas abiertamente con los hijos. Dando su opinión se sentirán más responsables, se implicarán y nos sorprenderán con su razonabilidad. Ocultar es excluir. Ocultar, infantilizar. En la adolescencia los chicos viven una vida real y deben conocerla. No les hiperprotejas. Y muy importante: “Si tu hijo quiere comunicarse contigo, escucha. Ni se te ocurra echar sermones cuando es el momento de entender lo que siente. No juzgues, aconseja. Conecta con él emocionalmente. Deja el momento educativo para otra ocasión”, dice Marina.

4. ¿Quieres que participe? Charla de lo que le interesa.

La familia termina de cenar. Pablo ha dicho poco. Puede levantarse, no marcharse a su cuarto. Saca la tablet.

“Normal -apunta Marina- la tablet es muy entretenida. A veces más que los temas de los que se charla en casa, si se charla… ¿Cómo va a aprender a comunicarse un chico cuyos padres apenas conversan entre sí (ésto sí que es grave), que pasan el día pegados al móvil o que ponen la tele a la hora de cenar? Es como decir: en esta casa no se habla, pero yo con mi hijo sí. ¡Eso es imposible!” La comunicación se aprende y practica en la familia. Protege los momentos en que estáis juntos y llénalos de conversaciones de su interés.

5. Piensa cómo le dices las cosas. Puedes ser malinterpretado/a.

Claudia está de compras. Se prueba una blusa. “Pruébate una talla más”, dice su madre. “¡Eres odiosa! ¿Así me llamas gorda…?”.

Son muy sensibles, sí. Para ahorrarte disgustos, construye bien tus frases. Es mejor decir: “¿No te parece que esta blusa sienta mal? ¿Quieres probarte otra talla o buscamos una mejor hecha?” Esta costumbre te ayudará también en tus relaciones de pareja o laborales. No es lo mismo decir: “¿Has hecho tu cama?”, que: “¿No te habrás olvidado de hacer la cama?” No es lo mismo decir: “Pero… ¿te vas a poner eso?”, que: “Este vestido te queda genial”.

6. No a los besos en público. Ya no es tu niño.

Juan sale de clase con sus amigos. Su madre le da un gran beso de bienvenida y saca la merienda que trae preparada…

Un desastre de libro. La reacción estaba servida: “¡Déjame en paz!”. Buscan la ternura pero, jamás, en publico. Ese afecto tiene más que ver con la sensación de seguridad que les proporcionan sus padres. Por eso, protégelos pero sin impedir que luchen sus propias batallas. Quiere separarse del núcleo familiar en busca de una sana independencia. Tu ejemplo (no tus sermones) son la mejor escuela.

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