Cuando decir lo siento no borra el dolor causado

Hay disculpas baratas que, en lugar de reparar, generan más daño. Un lo siento sincero, de los que sanan y alivian, deben acompañarse de empatía y comportamientos orientados a la reparación.

A veces, decir lo siento no borra el dolor causado. No importa que haya sido solo una palabra desafortunada, un mal gesto puntual o una ofensa más seria, de esas que dejan huella. Pronunciar en voz alta una disculpa no actúa como un mágico sortilegio capaz de apaciguar al segundo la contradicción, la ofensa o la marca de la decepción. Esa reparación requiere de más acciones y detalles.

Un «lo siento» nos permite ver que la otra persona lamenta algo en concreto, que hay arrepentimiento y eso como tal, es positivo y necesario. Sin embargo, se necesita de algo que va más. Para apaciguar el dolor causado son necesarios los gestos, las intenciones y los comportamientos posteriores orientados al cambio, dirigidos a reparar y a no a caer nuevamente en esos comportamientos que originaron un daño.

Esta apreciación es importante, por ejemplo, en materia de educación. A menudo, nos obsecionamos en inculcar a los niños el valor de decir lo siento cuando hacen algo inadecuado; sin embargo, no nos preocupamos en enseñarles qué viene después. En revelarles de qué manera pueden reparar el daño causado

En caso de no hacerlo, sus disculpas serán vacías, huecas y baratas. Un lo siento auténtico requiere incluir determinados «ingredientes» que toda persona debe aprender de manera temprana. Solo así cuidaremos mejor nuestras relaciones, siendo convincentes, sinceros y habiles en inteligencia emocional.

El doctor Robert Trivers, profesor de psicología en la Universidad Harvard, es uno de los mayores expertos en el altruismo recíproco. Se le considera el fundador de la sociobiología y ha publicado trabajos muy interesantes sobre el acto de pedir disculpas. De este modo, algo interesante que nos da a entender el doctor Trivers es que buena parte de las veces en que se pide perdón no se hace de manera sincera.

Decir lo siento no borra el dolor causado porque percibimos que las disculpas no son del todo auténticas. La razón de ello está en un hecho muy concreto: somos una especie con necesidades de pertenencia. Lo que queremos cuando pedimos perdón (más que reparar el daño causado) es que no nos excluyan de determinados círculos sociales, que no se rompan nuestros lazos y relaciones.

Un ejemplo, un amigo nuestro ha compartido con terceras personas una confidencia, algo íntimo que le revelamos hace un tiempo. Le pedimos explicaciones y lo que hace casi al segundo es pedirnos perdón casi a la desesperada. Según el doctor Robert Trivers lo que más le preocupa a este amigo es que dejemos de hablarle. Más que el dolor causado, teme que rompamos la relación.

La necesidad de que todo vuelva a ser igual a pesar del daño causado

Sabemos que las palabras tienen poder, que pueden sanar y crear alianzas. Sin embargo, para que causen este efecto se necesitan otros componentes, como la sinceridad y la voluntad. Así, en ocasiones, cuando nos han ofendido o herido, nos damos cuenta de que el simple hecho de decir lo siento no borra el dolor causado.

  • No lo hace porque sentimos que la otra persona nos pide perdón por mero convencionalismo.
  • Percibimos a su vez, que lo que esperan es que les perdonemos cuanto antes posible y que nada cambie, que la vida transcurra de igual manera.

Sin embargo, esto no es lógico ni aceptable. Porque pedir perdón no repara nada por sí mismo si no existe voluntad de cambio, y aún más, si esa conducta dañina vuelve a repetirse. Tampoco nos aliviará escuchar un lo siento si el rostro que tenemos enfrente no demuestra empatia alguna.

Los ingredientes de las disculpas sinceras

Las disculpas sinceras cambian realidades, ayudan, alivian y reconfortan. El dolor causado no desaparecerá al instante, pero percibir que la otra persona muestra autenticidad en sus palabras, actos y voluntades, siempre ayuda. Veamos por tanto qué componentes deberían acompañar cada uno de nuestros «lo siento».

  • Al pedir perdón, debemos argumentar qué es lo que sentimos y qué lamentamos haber hecho.
  • Hay que reconocer además, el daño causado (siento haber tomado esa decisión sin comentártelo, sé que lo adecuado hubiera sido tenerte en cuenta y no lo he hecho. Me arrepiento de ello y sé que te hecho daño con mi actitud).
  • Hay que mostrar empatía y conexión emocional.
  • Debemos clarificar qué haremos para reparar el daño causado, dejando claro que dicha conducta no volverá a sucederse.
  • Cumplir con lo prometido, tener presente que tras «un lo siento» se abre una oportunidad de reparación. Si de verdad apreciamos y nos importa la otra persona, nos esforzaremos por cuidar al máximo esa relación.

Para concluir solo cabe reflexionar en un pequeño detalle. Aprender a dar unas disculpas sinceras siempre es adecuado, como también lo es enseñar a los más pequeños a reparar un daño, una ofensa, una conducta inapropiada.

Ahora bien, lo más acertado sería sin duda aprender a no ofender, a cuidar un poco más nuestras relaciones sociales.