El Puer Aeternus: Arquetipo del niño

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El arquetipo del niño es aquel que surge, muchas veces con bastante intensidad, en la vida adulta. Para un óptimo estado de equilibrio físico y psicológico, debemos saber integrarlo en nuestra consciencia. La disociación o la no integración de este arquetipo puede desembocar en síndromes como el Puer Aeternus: el niño eterno o Síndrome de Peter Pan.

El Puer Aeternus: Arquetipo del niño

Este poderoso arquetipo está constituido por todas aquellas experiencias, recuerdos, traumas y emociones almacenados en nuestro inconsciente que, no solo representan nuestras pasadas experiencias, sino también experiencias acumuladas de la especie.

En muchas ocasiones podemos estar bajo el influjo del arquetipo del niño en situaciones de crisis vital, insatisfacción, vacío existencial y desasosiego. Este se caracteriza por lo siguiente:

  • Por un fuerte impulso de retrotraerse a un pasado en el que todo estaba mejor, se tenía protección (sobre todo de la madre) y se era más feliz
  • Fantasías de poder modificar el pasado, para procurarse una mejor vida en el presente
  • Fuerte tendencia a la distracción, diversión y búsqueda de sensaciones
  • Deseo de escapar de la vida adulta. Esto es, de la rutina, las responsabilidades, la seriedad, rigidez…

Tomar conciencia de nuestro niño interior

La vida adulta, por suerte o por desgracia es compleja, rígida, competitiva, sacrificada, rutinaria y no suele permitir la distracción, la ociosidad, ni la debilidad. Está claro que para ser un adulto y poder soportar el peso de la responsabilidad tenemos que dar un paso serio e inequívoco hacia la madurez y la «matar al niño» que una vez fuimos. De igual manera, se necesita un fuerte equilibrio psicológico y emocional para poder hacer frente a todas estas demandas.

No obstante, podemos encontrar a una persona adulta que se halla en un impasse, incapaz de comprometerse con sus proyectos presentes y futuros y lamentándose por las malas decisiones tomadas en la vida, con un fuerte deseo de volver a un momento pasado de su vida donde todo estaba mejor. Esa persona podría estar bajo la superior influencia del arquetipo del niño. Por lo tanto, no mejorará hasta que no lo integre en su experiencia.

En los casos más extremos, podemos encontrarnos a adultos que se niegan a madurar, que rehuyen la responsabilidad y prefieren una vida cómoda y egoísta. Se siguen sintiendo personas de 14 años en cuerpos de personas de cuarenta y tantos o cincuenta y tantos. Esto sería el Puer Aeternus.

¿El niño interior nos quiere decir algo?

Nada en nuestra psique ocurre por casualidad. Si el niño interior se hace presente, será por alguna razón. Hay que encontrarla:

  • ¿Tal vez hay algo de nuestra vida que debamos cambiar?
  • ¿Habrá algo que no nos guste de nuestra pareja, trabajo, hábitos…?
  • O, por el contrario, ¿habrá algún trauma pasado que haya que enfrentar y superar?

Trabajar con este arquetipo nos ayuda a identificar qué nos ocurre y qué debemos hacer para mejorar nuestra vida de forma responsable, sin tener que desatender nuestras responsabilidades adultas.

Consecuencias de reprimir o no integrar nuestro niño interior

Pueden ocurrir dos o más de las siguientes consecuencias:

  • Vida centrada principalmente en el pasado
  • Incapacidad de establecer objetivos a medio y largo plazo
  • Ausencia de proyecto vital
  • Insatisfacción generalizada con la vida
  • Vacío existencial
  • Anomia y falta de compromiso
  • Vida poco responsable
  • Promiscuidad sexual
  • Angustia y estrés
  • Sentimientos de culpabilidad
  • Aislamiento social
  • Envejecimiento prematuro

Integrar al niño interior

Es un camino complicado, pero demos optar por una solución intermedia entre «matar al niño» y vivir en un permanente estado de «Puer Aeternus«. Debemos comprender que no somos niños y que el pasado no volverá. Además, tenemos que encontrar nuevamente un sentido a nuestra existencia, buscar proyectos personales, profesionales y familiares que nos llenen.

De igual modo, debemos saber compaginar adecuadamente nuestro trabajo y responsabilidades con el ocio y la diversión y, por qué no, de vez en cuando sacar al niño que tenemos dentro (pues no tiene nada de malo).

Como conclusión, hay que entender que nuestra psique está conformada por un delicado equilibrio de fuerzas, la mayoría de ellas inaccesibles a nuestra consciencia y entendimiento sin el conveniente análisis previo. Los arquetipos producen una enorme fuerza dinamizadora que hay que saber canalizar adecuadamente.

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