¡Éste es el bueno!

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Primero que nada, el compañero ideal no existe, que quede ¡bien claro! Si bien es posible tener relaciones románticas, hermosas y satisfactorias a lo largo de la vida, el Príncipe Azul sólo existe en los cuentos de hadas –admitámoslo, ni nosotras mismas somos perfectas–.

Así que si estás esperando a esa persona que cumpliría todos tus deseos (y caprichos) incluso antes de que los expreses estás en un grave error. Sin embargo, sí existen pistas para saber si es el mejor candidato:

 

1. Tendrá características que nos seducirán y otras que no tanto, así como un pasado (al igual que una misma), pero son un todo con el que podemos vivir y con el que nos sentimos a gusto –los golpes y abusos, ¡nunca!–.

Las diferencias de cada uno no son un factor de miedo ni un factor de riesgo, sino un enriquecimiento mutuo y de la relación misma.

 

 

2. El elegido no es como los demás; de hecho, no se le asocia con antiguos amores (reales o platónicos). Y así, la necesidad de cambiarlo o compararlo no existe, ya que lo aceptamos y nos gusta tal y como es.

Nos sentimos bien con su sola presencia y existe un respeto mutuo del tiempo del otro –si tú te quieres casar, pero él dice que le des tiempo, pero ya han pasado más de dos años, lo más probable es que nunca se casen–.

 

3. Podemos compartir y tocar con esa persona cualquier tema (muy personales, sexualidad, hijos, trabajo, política, religión…), expresar cualquier emoción, llevar a cabo un proyecto (que sea chico o grande, pero jalar juntos), es alguien en quien nos podemos apoyar y buscar consejo incondicional, sin que nos sintamos ni agredidos, ni apenados, ni incomprendidos, ni juzgados, ni despreciados, ni con miedo.

Al mismo tiempo esta persona se siente de la misma manera con nosotros (una confianza mutua). Nos ayuda a realizarnos y busca nuestra felicidad y bienestar.

 

4. No tememos ser nosotros mismos y mostrarnos tal como y como somos; es el ser auténtico en todas nuestras facetas, lo que nutre el amor y el vínculo. Y aunque no somos perfectos, esto no es un problema.

 

5. Una relación no consiste en substituir a una figura parental, sino que es un espacio en el que nos sintamos seguros, en donde no nos sentimos ni superiores ni inferiores al otro, en la que se disfrutan los éxitos del otro y en la que se quiere lo mejor para el otro pase lo que pase.

El bien común exige a veces “sacrificios”, no intentar pasar sobre el otro y no pensar sólo en uno mismo, así como escuchar, aceptar y reparar cuando hemos lastimado al otro o nos hemos equivocado sin querer –ser infiel no es un error, es la señal que no es la persona correcta–.