NUEVA ZELANDA: EL PAÍS CUYA PRIORIDAD ES EL BIENESTAR Y NO EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

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La primera ministra de Nueva Zelanda Jacinda Ardern goza de gran popularidad en su país y en todo el mundo. Ardern parece hacer las cosas de una manera distinta a la que estamos acostumbrados con respecto a la política mundial. Lo que más llamó la atención al principio, y que hoy resulta meramente anecdótico, fue el hecho de tener un bebé mientras se hacía cargo del gobierno. Recientemente manejo el problema de la pandemia con sesiones en vivo en su Facebook Live que transmitía después de que su bebé se durmió.

Sin duda una de las medidas más interesantes que ha tomado esta joven líder es radicalmente modificar el presupuesto de su país, poniendo en segundo lugar las prerrogativas de la economía mundial, para priorizar lo que llamó un presupuesto de bienestar. Generalmente los países orientan su presupuesto para tener crecimiento económico, son presupuestos basados en el Producto Interno Bruto (PIB, el valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final de un país o región durante un período determinado). Ardern, sin embargo, notó algo que debería resultar obvio: el crecimiento económico, basado en indicadores como el PIB, no se traduce en auténtica prosperidad y felicidad. Más aún, los beneficios que puede tener dichas medidas generalmente no construyen a largo plazo ni toman en cuenta cosas esenciales actualmente como el cambio climático.

El presupuesto que anuncio el año pasado Ardern, en el marco del Foro Económico Mundial, tiene 5 metas específicas: mejorar la salud mental, reducir la pobreza infantil, apoyar a los pueblos indígenas, tomar pasos decisivos hacia una economía libre de emisiones fósiles y florecer en una era digital (medidas de higiene tecnológica y demás). Se trata de un plan de crecimiento integral, no meramente económico, en el que se tienen consideraciones eminentemente humanas. Con este presupuesto de bienestar, Ardern y Nueva Zelanda siguen a Bután, el país budista que desde hace años lanzó un Ministerio de la Felicidad.

En una reunión con empresarios de su país el año pasado Ardern declaró:

Nadie quiere vivir en un país donde a pesar de un fuerte crecimiento económico hay familias sin hogar, el medio ambiente se degrada con rapidez o las personas con problemas de salud mental no reciben el trato que necesitan. 

Por medidas como estas, el estilo auténtico de Ardern y en general por la situación que atraviesa Nueva Zelanda –sin dejar de lado la enorme belleza del país– numerosas personas de todo el mundo actualmente consideran esta isla como la mejor opción para iniciar una vida de cara a un futuro sustentable.

Ardern ha sido elogiada por el manejo de la COVID-19 en Nueva Zelanda. Ahora enfrenta el reto de mantener su plan de un presupuesto y una política basada e el bienestar a la luz de la crisis económica global.

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