Onicofagia: comerse las uñas

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La onicofagia de manera leve y que se empieza con pocos años de edad tiene como causa habitual la mera repetición de un hábito de los padres o el entorno más cercano de los niños. Esa imitación se une, posteriormente, a la sensación de cierta calma que conlleva el hecho de concentrarse en morder las uñas para sobrellevar o superar alguna situación que genere angustia, nerviosismo, miedo, tensión o ansiedad.

Sin embargo, a medida que van pasando los años, este hecho se va asociando a más situaciones, no sólo negativas, y una persona se puede acabar mordiendo las uñas simplemente por mero aburrimiento o por tener las manos cerca de la boca.

En la edad adulta la onicofagia suele ir desapareciendo, puesto que se aprende a controlar mejor estos actos compulsivos o porque se sustituyen por otro tipo de acciones relajantes, algunas mucho más peligrosas como puede ser el tabaco o el alcohol.

No obstante, las causas de la onicofagia pueden ser de índole más importante y convertirse en un trastorno más grave que exige la ayuda de un especialista, quien determinará si nos encontramos ante un caso de un trastorno obsesivo-compulsivo que requiera un tratamiento profesional para erradicarlo. En este caso, lo más habitual es que este desajuste emocional se relacione con un cuadro severo de ansiedad y problemas de autoestima, que pueden incluso acompañarse con otras patologías mentales relacionadas, por ejemplo, con el control de peso, como la bulimia.

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